"Mi psicóloga me dice que se jubila", nuevo poemario de Rafael Carvajal

 
El nuevo poemario de Rafael Carvajal, “Mi psicóloga me dice que se jubila”, nos ofrece el retrato desgarrado del hombre actual, el hombre convertido a menudo en máquina —pese a su voluntad— y sometido a la uniformidad que la sociedad le impone; que se enfrenta a sus deberes y a sus miedos, a sus conflictos interiores, a las promesas incumplidas y a las ilusiones frustradas, pero conservando siempre un ápice de rebeldía para, al menos, imponer su palabra, no aceptar de lleno el destino; el hombre que aún conserva los lazos con su libertad utópica, que se levanta contra la situación por medio de la palabra: “Me rebelo como un potro salvaje/ Que prefiere morir a ser domado”; es el reflejo del hombre que a veces, solo a veces, encuentra sentido y consuelo en el amor, en la amistad, en el amado barrio de Lavapiés, con el que el poeta se identifica y del que dice ser “hijo”, en el extenso poema dedicado a ese territorio multicultural y bohemio: “Lavapiés, admítelo/ Eres guarra, criminal y un nido para la chusma/ ¿Y qué?/  Yo también soy guarro: de obra y pensamiento.”
La imagen de la psicóloga, protagonista en el poema que da título al poemario, aparece como el símbolo más evidente de la promesa que se ha quedado en el camino. El poema describe todas aquellas confesiones que quedarán en el aire, sin que se haya dejado constancia de ellas, una vez que la mujer se jubile: “Mi psicóloga me comunica que se jubila/ Que yo me quedaré huérfano con mis complejos/ Me veré feo en el espejo/ Inútil ante la tarea”. En el poema, la psicóloga se considera a sí misma sustituible, una pieza intercambiable, como lo es hoy prácticamente todo, una manifestación más de lo efímero de la vida, cuando concluye con las indiferentes palabras que le dedica al poeta: «“Pero no te preocupes/ Alguien cubrirá mi plaza”».
La muerte, presente en algunos de los poemas, aparece aquí como la amenaza continua, la que nos acecha y deja sus advertencias en el cuerpo que envejece, en la edad que aumenta, en el recuerdo del pasado y en la identificación del hombre con sus fracasos: “Soy todas las promesas que no cumplí”, con la eliminación de los sueños, la resignación al cumplimiento de las obligaciones. La vida actual con sus reclamos, con sus exigencias en forma de trabajo, rutina, pago del alquiler, impuestos, etc. están presentes en muchos versos, a lo que el hombre solo puede asentir y seguir adelante con su propio destino: “Solo busco un resquicio en la maquinaria por donde colar mi alegría”.
En el poema titulado “Paradise found”, el autor nos ofrece un hipotético cielo donde el ser humano dará cumplimiento a los deseos que en la tierra le han sido negados, exigencia que casi se podría decir que responde al postulado kantiano de la inmortalidad, exigencia de que exista ese cielo porque el hombre sencillamente lo merece: “En el cielo/ Habrá manjares prohibidos para los golosos/ Los musulmanes tendrán sus vírgenes/ Las mujeres todas serán bellas todas serán profetas/ Todas capitanas”. El poeta anhela alcanzar allí su propia libertad: “En el cielo sabré mi verdadero nombre/ Correré desnudo por bosques vírgenes/ Con todos mis animales”.
Los animales, el amor por lo imperfecto, los amigos, el abismo que supone la alteridad, la soledad o la mujer como misterio, “No te conozco mujer/ Escribo palabras pero tú bailas más allá de las palabras”, son los temas que se ponen de manifiesto en este poemario de tintes pesimistas, quizá penetrado por el nihilismo de Pessoa, pero también por el vitalismo de Walt Whitman, que hacen de él mucho más que una manifestación estética. Porque nos ofrece la estampa de la situación actual del ser humano sobre la que se hace preciso reflexionar, reflexión que, por otro lado, no se hace difícil, debido a la transparencia y la claridad que nos ofrece el autor, autor que se podría calificar como el opuesto del filósofo Heráclito, apodado este como "el oscuro".  No hay un solo verso que sea oscuro, que no se comprenda, sino al contrario: lenguaje cercano y directo, casi cotidiano. Además, en la gran mayoría de los versos han sido eliminadas las comas, prescindiendo de toda pausa, omitiendo el tiempo, de modo que el resultado es casi una hermosa colección de sentencias que invitan al pensamiento sobre la condición humana, siempre en las garras del deseo insatisfecho.

Un libro imprescindible, lleno de matices y sobrecogedor desde la primera línea; raras veces la poesía ha alcanzado niveles tan elevados de intensidad y profundidad.

Mi psicóloga me dice que se jubila”, Rafael Carvajal, Ed. Amargord, Colección "Hecho en Lavapiés", dirigida por Hipólito García.


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